cómo convertir una discusión en diálogo productivo

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MIS FRASES FAVORITAS · JJRomero

Con más facilidad de lo deseado, a menudo nos enredamos en discusiones que suben de tono y trascienden de la propia temática para entrar en descalificaciones personales, último recurso con el que se intenta aniquilar al adversario y autoproclamarse ganador. El objetivo es adjudicarse la razón, aunque no se tenga. Os quiero contar algo que aprendí tiempo atrás y que cambió drásticamente mi manera de ver las cosas, evitando que los debates lleguen a un nivel de «acaloramiento» no deseable y convirtiéndolos en un diálogo productivo. 

«DONDE TODO EL MUNDO PIENSA IGUAL, NADIE PIENSA MUCHO»

Vaya por delante que me encanta debatir; participo asiduamente en redes sociales aportando puntos de vista transgresores y provocativos en algunas ocasiones, pero lo hago con buena intención, que conste. Mi deseo es abrir puntos de vista diferentes y generar conversación, algo que siempre nos enriquece a todos.

«Donde todo el mundo piensa igual, nadie piensa mucho», o lo que es lo mismo, la ausencia de contrastes conduce al pensamiento «estándar» y a la pobreza intelectual. Exceptuando ocasiones concretas en donde la unanimidad es casi obligada, lo deseable y positivo de los debates es escuchar opiniones diferentes que nos permitan abrir la mente hacia interpretaciones nuevas, algo que nos enriquece intelectualmente. 

LA VELOCIDAD SIN CONTROL…

El problema surge cuando, fruto de la controversia,  nos enredamos en discusiones que suben de tono y llegan al ámbito de lo personal con el único objetivo de quitarle la razón a los demás y llevárnosla nosotros. ¡¡Qué poderoso es el ego!! Llegados a ese escenario bélico, cualquier arma que nos ayude a ganar la batalla es bienvenida y utilizada, incluyendo la descalificación personal: «eres un (imbécil, facha, payaso, mentiroso… póngase aquí lo que sea al gusto del consumidor)».

TODO EL MUNDO TIENE RAZÓN

Lo que aprendí hace tiempo es que todo el mundo tiene razón en sus opiniones, y eso hay que asumirlo si queremos tener un debate productivo. El planteamiento desafía nuestra lógica y el aprendizaje que arrastramos desde niños, aquel que dice que sólo hay una verdad. Si damos por cierto esa premisa, intentaremos que la verdad buena sea la nuestra, pero hoy quiero que lo vean desde otro prisma. 

La realidad nos dice que en las discusiones todo el mundo tiene razón, ¡¡su razón!! Observen que «razón» y «razonamiento» tienen la misma raíz semántica, y eso significa que la consecuencia (la razón que uno se quiere otorgar) parte del razonamiento que cada uno haga. Mis opiniones se construyen bajo mis paradigmas, que a su vez dependen de mis valores, mis conocimientos, mis experiencias… ¿cómo va alguien a decirme que no son correctos? Son igual de correctos que los de los demás, que también están construidos bajo su manera de ver las cosas y yo no soy nadie para decir que no son válidos. 

BUSCANDO EL PUNTO DE ENCUENTRO

Si damos por buena la premisa de que todos los razonamientos están bien construidos llegaremos a un punto de difícil solución: dos personas pueden discrepar sobre determinada cuestión pero ambas pueden tener razón en lo que dicen. ¿Cómo desbloqueamos el asunto?

Negar el razonamiento del contrario es lo que exacerba los ánimos y acalora las discusiones. Nadie está dispuesto a aceptar, de entrada, que sus razonamientos son equivocados, máxime cuando nacen de su experiencia, sus valores, bla, bla, bla… Si nadie cede y reconoce una equivocación en los paradigmas de partida, la discusión tiene todas las papeletas para acabar en insultos y descalificaciones.

La clave está en no discutir sobre la conclusión final y asumir que cada quien tiene «su» razón, pero tratar de indagar sobre las premisas que dieron pie a esa conclusión; ahí es donde está realmente el origen de la controversia. Se trata de decirle a la otra persona: «ok, ¿en qué te basas para decir eso?», pregunta muy inteligente que se convierte en la clave para transformar una potencial discusión en un diálogo productivo. 

Que nos descubran los paradigmas de vida sobre los que se asienta determinado razonamiento nos abre la mente hacia posibilidades que no teníamos, desbloquea el punto muerto y enriquece el debate. ¡¡Es perfecto!!

VEÁMOSLO CON UN EJEMPLO

Supongamos la típica discusión intergeneracional entre un joven y un anciano haciendo valer su punto de vista sobre en qué época se vivía mejor: 

– «Con Franco sí que se vivía bien»

– «¿pero qué dices, abuelo? Franco era un dictador. Ahora sí que vivimos bien»

(Ya estamos en un punto complicado, jajajajaja. Ahora podemos enredarnos en seguir argumentando nuestra postura sin que se llegue a un consenso, excepto que alguien diga…)

-«¿qué significa para ti vivir bien»?

– «vivir bien para mí significa que puedes hacer tu trabajo sin que nadie te diga nada; ganas tu dinero, lo gastas en lo que quieras, y listo. No como ahora, que trabajas para el Estado. Cuando no te meten mano por aquí te la meten por allá… todo el día sableándote lo que ganas honradamente»

– «ah, vale». Tú le llamas vivir bien a tener tranquilidad económica y por eso dices que con Franco se vivía mejor, porque se pagaban menos impuestos. Para mí vivir bien tiene que ver con los derechos de las personas, no sólo con el dinero. Tiene que ver con poder opinar de lo que quieras (bla, bla, bla)»…

MORALEJA

¿Os dais cuenta que en este diálogo simulado ambos discrepaban en la conclusión pero ambos tienen su razón porque parten de premisas diferentes a la hora de definir el término «vivir bien»? Haber profundizado sobre la base del razonamiento permitió  aclarar que el término «vivir bien» puede ser interpretado desde paradigmas diferentes, todos ellos perfectamente válidos según el significado que cada quien le otorgue a las cosas. 

Ese es el aprendizaje que obtuve hace años y que ahora me sirve para no entrar en descalificaciones personales. Intento aceptar que los demás tienen «sus» propios razonamientos y que las conclusiones que me comparten son acertadas desde su visión. Si la mía no concuerda busco la manera de entender cómo está construida, en lugar de quitarles la razón y hacer prevalecer la mía. Es ahí, en la base del razonamiento en donde hay margen para el diálogo productivo y para explicar también nuestros paradigmas de pensamiento. Intercambiar esos puntos de vista permite descubrir razonamientos novedosos sobre un asunto concreto, enriquecedores en buena parte de los casos.
 
Pues nada, esta es mi reflexión de hoy, construida desde mis paradigmas, jajajajajaja. No tiene porque ser la correcta desde los suyos. ¿Discutimos sobre ello y la convertimos en un diálogo productivo? 🙂
 

Un abrazo

firma juanjo

 

 

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