tienes un problema si tu personal se pasa el día en la empresa

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Aprender, aplicar. Así es el día a día de los negocios que obtienen buenos resultados. Cada semana aparecen oportunidades de aprender algo nuevo y cada semana tenemos el deber de probar qué tal funciona lo aprendido. Seguro que te parece una afirmación de sentido común, pero no era lo habitual tiempo atrás. Por aquel entonces el conocimiento no se renovaba tan rápido y el nivel de competitividad entre empresas era mucho menor. Eso permitía a las organizaciones tomarse las cosas con más calma y evolucionar progresivamente sin tanta prisa. Llevado al desempeño, el personal podía estar largos periodos aplicando las mismas directrices sin que eso afectara negativamente al negocio. Hoy en día todo es diferente.

El mundo gira muy rápido y constantemente aparece conocimiento nuevo. Las empresas con vocación de liderazgo se preocupan por detectarlo a tiempo, explorarlo e integrarlo dentro de la organización antes que sus competidores. El desempeño es mucho más dinámico y enriquecedor, favoreciendo el desarrollo profesional e intelectual de los empleados. Eso sí, para que todo esto sea posible hay que tener clara la importancia de salir de la empresa con bastante frecuencia, porque ese conocimiento está fuera y hay que ir a buscarlo allí en donde se genera. 

Conferencias, networking, la presentación de un nuevo software, un taller formativo, una comida de trabajo… hay multitud de sitios en donde cualquiera puede aprender un concepto nuevo que desencadene procesos de cambio en la organización. El problema es que muchas empresas todavía funcionan bajo paradigmas del pasado, en donde el trabajo que se paga es aquel que se produce dentro de la organización y no hay consciencia de lo importante que es salir afuera de vez en cuando para ver «qué se cuece». Pedir una par de horas para asistir a una charla o a una reunión no es un hábito que se tenga, y además está mal visto. En estas circunstancias… ¿cómo se adquiere el nuevo aprendizaje, tan necesario para la evolución?

En efecto, aquellas empresas que siguen centradas en el «aplicar» y no dedican tiempo al «aprender», tendrán un futuro muy incierto en contextos tan cambiantes. Lo normal es que su desempeño se quede obsoleto y sus soluciones sean desplazadas del mercado por alternativas más «modernas» y alineadas con los cambiantes gustos de los consumidores. La clave para evitarlo es entender que las cosas suceden por fuera y que el tiempo que se dedica a explorar y analizar lo del exterior, es tan importante o más que el tiempo dedicado a aplicar rutinas internas. Hay que lograr una combinación de ambas cosas. 

Necesitamos un cambio de mentalidad; la dirección debe promover el dinamismo y los empleados tienen que integrar la asistencia a eventos como una tarea más inherente al puesto. Deben generarse reuniones para intercambiar puntos de vista y aprendizaje, en donde aquellos que detectaron alguna práctica novedosa compartan el conocimiento con los demás y se evalúe la pertinencia de agregarla a las rutinas internas o no. Cada día en cualquier ciudad hay un puñado de actividades formativas, muchas de ellas gratuitas, en donde se intercambia conocimiento y se descubren tendencias interesantes. Es descorazonador acudir a ellas y toparse con tan solo una docena de personas, muchas veces las mismas, y preguntarse «¿por qué estamos tan pocos?»: ¡¡La gente está trabajando!! te dicen. Ah, pero entonces… ¿venir a aprender no es trabajar? ¿es ocio? No sé, algo falla. 

Finalizo; si comencé este post aludiendo a la secuencia «aprender-aplicar», la duda que me queda es: ¿en dónde aprenden muchas empresas? Dejo ahí la pregunta, para que reflexionéis sobre ello.

Atentamente

firma juanjo

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