¿En dónde está la pasta?

Escribo este artículo pensando en todos aquellos emprendedores desesperados por encontrar financiación para poner en marcha su proyecto. Si realmente pensáis que los tiempos son difíciles, os diré que la palabra “difícil” quizá no sea la correcta: los tiempos son diferentes, y lo que hay que hacer es entender esa diferencia y encontrar la manera de encajar el proyecto con las singularidades que presenta el momento actual. Vamos a ello.

Afortunadamente en todos los lugares hay personas “ahorradoras”, esto es, que generaron unos ingresos mayores que los gastos y consiguieron acumular un capital. Y como todo ahorrador, siempre están buscando alternativas para conseguir sacar una determinada rentabilidad a su dinero. Aquí entra el concepto de riesgo y otras cuestiones más particulares, como las preferencias de cada uno. Entre las alternativas para hacer rentable unos ahorros aparecen los productos “convencionales”: depósitos, fondos de inversión, letras del tesoro, acciones, oro…, pero para algunas personas, una manera de alcanzar una alta rentabilidad es invertir en empresas incipientes que puedan tener un buen desarrollo y generar unos rendimientos superiores a los que ofrecen los productos de ahorro tradicionales. ¡¡Aquí es en donde está el dinero para los emprendedores a día de hoy!!: en encontrar una de estas personas que prefiere invertir en proyectos y no otros productos financieros. La pregunta es… ¿cómo llegar hasta él?

Pongámonos en la piel de estos inversores; el riesgo de su apuesta, en entornos tan dinámicos y competitivos, es mucho más alto que hace unos pocos años. No obstante, lejos de cambiar de “producto” para invertir, aquellos que realmente siguen prefiriendo apoyar a emprendedores lo que están cambiando es el modo de evaluar los proyectos, buscando minimizar el riesgo de fracaso. ¿Y cómo lo están haciendo? Pues estableciendo “filtros” que sólo dejen pasar las ideas con más potencial de convertirse en empresas solventes: ¡¡incubadoras y aceleradoras de ideas!! ¿Les suena?

Detrás de las iniciativas de ayuda al emprendimiento que están aflorando se esconden buenos inversores a la búsqueda de ideas poderosas en las que poner su capital. Y esto no es malo, aclaro. Podría parecer que se trata de “oportunistas” que quieren hacer fortuna gracias al esfuerzo de otros, pero realmente no deja de ser la “sangre económica” que siempre existió y sin la cual ninguna de las empresas que conocemos, hoy estaría en pie. Gracias a la existencia de personas que prefieren poner sus ahorros en empresas y no en depósitos bancarios, algunos emprendedores están viendo la luz en el oscuro túnel de la financiación de sus proyectos. Esa es la parte con la que nos tenemos que quedar: ganan unos y ganan otros.

La filosofía de funcionamiento de muchas aceleradores / incubadoras de proyectos es muy lógica; primero, son “entes” encargados de hacer aflorar emprendedores. Segundo; actúan de filtro cribando entre ideas con sentido y “sueños de una noche de verano”; y tercero, acompañan a los emprendedores en sus primeros pasos mentorizando y tutorizando el proyecto para que alcance la solidez que se precisa. Cuando la idea ya está madura, se presenta delante de esos inversores “ocultos” que alentaron todo el proceso y ellos mismos apuestan por aquellas nuevas empresas que más posibilidades de rentabilidad les van a dar al capital invertido. Lógico, ¿no?

En definitiva; para aquellos emprendedores que no sepan cómo echar a andar o estén bloqueados por la falta de dinero, les animo a explorar la vía de la inversión privada vía incubadora / aceleradora de proyectos. Encontrarán profesionales que les asesorarán sobre la viabilidad de su idea, mentores que les formarán en gestión del negocio, e inversores que les darán el “oxígeno” necesario para respirar en un contexto con tanta “polución”.

Sólo me queda decir una cosa más a los emprendedores; no olvidéis que la idea es vuestra y que vosotros tenéis la posibilidad de negociar las mejores alternativas para ponerla en marcha. La mayoría de las aceleradoras se ajustan a la filosofía win-win, pero podría pasar que os topárais con algún inversor que os proponer términos abusivos tremendamente “asfixiantes” para vuestro negocio. En ese caso, haced valer vuestro talento y poned vuestras reivindicaciones sobre la mesa. El objetivo final es lograr un acuerdo de cooperación justo para todas las partes: el emprendedor y el inversor. Esto nunca debe perderse de vista.

Un cordial saludo

Juan José Romero Crusat

 

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